Qué 4 ‘manías’ al volante acortan drásticamente la vida de tu coche

David Clavero
30/03/2017

Cada conductor tiene su particular idea de cómo conducir y cuidar u coche. De hecho, por regla general rara vez coinciden los consejos sobre mantenimiento y prevención entre particulares, lo que además se une a que con el paso del tiempo esos mismos conductores adquieren ‘manías’ y malos hábitos al volante que sin saberlo acortan sensiblemente la vida de nuestro vehículo, en especial del grupo motopropulsor.

En Centímetros Cúbicos ya os hemos ofrecido algunos consejos sobre mecánica y mantenimiento para que tu coche goce de un perfecto estado de salud, aún así, es posible que esos cuidados extra que dedicas a tu coche después se vayan al traste si continuas practicando esos malos hábitos que en silencio acortan drásticamente la vida de tu coche.

Dejar el pie apoyado sobre el embrague o accionado en detenciones: el embrague de nuestro coche es una pieza tan fundamental como delicada si no hacemos un correcto uso de ella. Por ello es muy importante que evites esa manía de mantener el pie sobre el embrague cuando no lo estás usando, y más aún que evites el mantener embragado el motor cuando estás detenidos. El embrague es un mecanismo de rápido uso que se ha de emplear por un corto periodo ya que hablamos de un sistema que soporta grandes esfuerzos en materia de fricciones y vibraciones. Todo trabajo extra al que sometemos al embrague reduce sensiblemente su vida, por ello tendrás que aprender a usar en mayor medida el reposapiés.

Circular a muy bajas revolucines: conseguir el mínimo consumo a todo costa puede ser contraproducente. Las cajas de cambio emplean desarrollos cada vez más largos, una medida que busca reducir consumos en cualquier circunstancia, sin embargo somos nosotros los que debemos conocer dónde trabaja menor nuestro coche y cuándo sí y cuándo no podemos llevarlo muy bajo de vueltas. Si hablamos de pendientes descendentes o circulamos llaneando, emplear la relación más larga nos brindará un consumo bajo, pero si usamos siempre este tipo de conducción, sobre todo al afrontar pendientes ascendentes o grandes aceleraciones, lo que hacemos es someter al motor y al cambio a grandes esfuerzos para vencer el trabajo extra. El resultado, tarde o temprano, será una avería por sobresfuerzo.

Apurar la reserva de combustible: el combustible libre de impurezas no existe por muchos controles que se llevan a cabo para garantizar su calidad. Es por este motivo por lo que por precaución conviene no apurar la reserva de combustible ni olvidarse de la sustitución de los filtros de combustible que instala nuestro coche. Con el paso de los kilómetros y por ende de los llenados de depósito, poco a poco nuestro depósito irá acumulando impurezas que han sido introducidas en cada repostaje. Abusar de la reserva de combustible puede llegar a provocar la transferencia de estas impurezas al sistema de inyección, lo que a larga es sinónimo de fallos o avería.

Acelerar y frenar bruscamente: el ritmo frenético de la ciudad es el escenario ideal para que un coche sufra mucho más de lo que debería. Es por ello que es tan importante intentar evitar los acelerones, especialmente en frío, pues además de disparar el consumo, harán que el motor, embrague y caja de cambios sufra de forma excesiva ante altas demandas de potencia desde parado. Los frenazos son otro claro ejemplo de averías en cortos periodos de tiempo ya que con cada frenazo provocamos un desgaste anómalo en el sistema de frenos y un sobreesfuerzo en neumáticos con su correspondiente mayor desgaste y en suspensiones al intentar contener los movimientos bruscos de la carrocería.

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