2 razones por las que el Toyota C-HR no es la mejor opción como primer y único coche para una familia

David Villarreal
30/03/2017

El Toyota C-HR se ha convertido, sin duda, en una de las grandes sensaciones de este año. Es un coche que nos ha gustado, original en su estética, y aún más en su propuesta, un soplo de aire fresco en una categoría, la de los SUV y los crossover compactos, que parece estar dominada por automóviles clónicos. El Toyota C-HR ha generado mucho interés entre aquellos que están decidiendo comprar un coche este año. Pero también muchas dudas, empezando por la más básica, ¿a quién va dirigido el nuevo crossover híbrido de Toyota? Y, tras nuestra primera prueba del Toyota C-HR, que os ofrecimos en noviembre, eso es lo que intentaremos resolver. Sobre todo después de que mucha gente nos haya preguntado si el Toyota C-HR es una buena compra para sustituir el coche que hasta ahora guardaban en su garaje.

Por su estética, las acciones publicitarias que hemos visto en los medios en los últimos meses, y hasta por el catálogo de opciones disponible en la gama Toyota C-HR, no hay duda de que Toyota ha apuntado directamente a un objetivo, el de clientes jóvenes, que buscan algo diferente, que quieren estar a la última. Esa es la teoría. Ahora nosotros queremos saber qué sucede en la práctica.

Recordemos que en España – salvo Canarias, donde sí se comercializa con un motor de gasolina, con turbo, y sin hibridar – el Toyota C-HR solo estará disponible con un motor híbrido de 122 CV de potencia.

La elección de un único motor para este coche, que además de híbrido, es poco potente, ya nos apunta en una dirección muy concreta. El objetivo del Toyota C-HR está, sobre todo, en cautivar a compradores urbanitas, que buscan un coche eminentemente para la ciudad. Tras nuestras pruebas, hemos llegado a la conclusión de que sus 122 CV de potencia, nacidos de la combinación de un motor de gasolina y ciclo Atkinson de 98 CV y un motor eléctrico de 53 kW, son suficientes para moverlo con soltura. En cualquier caso, y aunque cumpla, no es un coche especialmente rápido en carretera, en situaciones en las que podemos demandar un extra de potencia, como adelantamientos, o incorporaciones.

Más allá de su potencia moderada, su sistema de transmisión, basado en un sistema continuamente variable, limita mucho que obtengamos unas prestaciones brillantes. Al acelerar a fondo, por ejemplo para efectuar una maniobra de adelantamiento, la transmisión empleada por este híbrido hace que el coche comience a ganar revoluciones, manteniéndose en la zona alta hasta que aliviamos la presión sobre el acelerador. No es cómodo, por el ruido que ello conlleva, ni tampoco hace que nuestro coche gane velocidad al ritmo que esperaríamos.

Por otro lado hay que hablar de consumos. El sistema híbrido del Toyota C-HR es muy eficiente. Pero sus ventajas se atenúan, y mucho, en carretera. A velocidades legales, y siendo cuidadosos con el acelerador, vamos a ver cifras medias por encima de los 5 litros/100 kilómetros y los 6 litros/100 kilómetros si no somos tan cuidadosos, o circulamos por zonas muy escarpadas, con pendientes, y a velocidades altas. Definitivamente, en carretera los consumos de un diésel siguen siendo mejores que los del híbrido de Toyota.

Ahora bien, todos los inconvenientes que nos encontramos en carretera, se traducen en ventajas en la ciudad. El mero hecho de conducir un híbrido ya es un gran valor añadido para los habitantes de las grandes ciudades, a tenor de las restricciones que se esperan para los coches más contaminantes en los próximos años. En ciudades como Madrid, el etiquetado ECO que recibe el Toyota C-HR supondrá, además, descuentos en parquímetros y otras pingües ventajas.

Por otro lado, los consumos del Toyota C-HR en ciudad se reducen drásticamente, situándose en cifras mucho más bajas a las que veremos en cualquier diésel. Hacer medias de 4 litros/100 kilómetros en ciudad con el Toyota C-HR, e incluso más bajas, no solo es posible, sino que será lo habitual. Y esa transmisión que no nos parecía satisfactoria en carretera, es lo más cómodo a lo que podríamos aspirar cuando se trata de conducir en ciudad. Los sistemas continuamente variables no disponen de marchas al uso, adaptan el régimen de revoluciones a lo que le pedimos a nuestro coche pisando el acelerador. Eso quiere decir que no hay tirones, que nuestro coche ganará y reducirá su velocidad progresivamente. Y que, en un entorno como la ciudad, donde no tenemos que pisar el acelerador a fondo, no sufriremos las incomodidades que sí penalizan su uso en carretera.

Aquí nos encontramos con la primera razón por la cual el Toyota C-HR no será la opción más adecuada como primer coche para una familia. Un primer coche para una familia ha de cumplir con creces, en carretera, y en ciudad. El Toyota C-HR, no obstante, nos parece una alternativa más que interesante, y muy recomendable, para cualquiera que busque un coche para la ciudad. Y eso incluiría tanto que el Toyota C-HR se convirtiera en el segundo coche, de apoyo, para la ciudad, de una familia, y que se convirtiera en el primer coche de jóvenes solteros que hagan un uso muy intenso de su coche en ciudad.

Por otro lado, otra de las dudas más habituales, y que más lectores, y clientes que están decidiendo su compra, nos han transmitido, es cómo podemos encasillar al Toyota C-HR. Por espacio y practicidad, ¿es un rival de un Nissan Juke o un Nissan Qashqai?

Tanto el fabricante, como parámetros tan objetivos como el precio del Toyota C-HR, y sus cotas exteriores, apuntan a un producto que está más próximo al Nissan Qashqai, que al Nissan Juke. Pero la realidad a la que asistimos es que, si bien es un coche más espacioso, tanto en las plazas traseras, como en su maletero, que el Juke, no llega a las cotas interiores del Qashqai. Toyota ha primado la búsqueda de un diseño exótico y, por qué no decirlo, deportivo, a competir con los SUV de la categoría compacta – Qashqai, Sportage, Tucson – en espacio y practicidad.

Así por ejemplo, sus plazas traseras son cómodas, pero las puertas traseras son mejorables en cuanto a espacio para acceder al habitáculo. Su maletero sí es muy accesible, pero presenta carencias si, por ejemplo, queremos cargar el carrito del niño y la compra, o el carrito del niño y el equipaje para marchar de viaje.

Con estas limitaciones, el Toyota C-HR de nuevo se aleja de lo que entenderíamos como primer coche para una familia partiendo de haber sido penalizado en uno de los requisitos más básicos de una familia. Y esa es la segunda razón por la cual entendemos que el Toyota C-HR no cumple con los requisitos de un primer coche para una familia.

Pero esto no es un defecto ajeno para Toyota, que desde su presentación oficial ya nos adelantó que no habían creado un coche destinado para las familias, ni como primer, ni como segundo coche del hogar, para lo cual cumpliría con su cometido mucho mejor un Toyota RAV4, por ejemplo. Aún así, nosotros sí creemos que el Toyota C-HR puede ser la alternativa ideal, por lo argumentado en este artículo, de principio a fin, como segundo coche para una familia. Y no solo eso, también creemos que es una alternativa perfecta para cualquier joven – que sí es el target al que se dirige Toyota – siempre y cuando no tenga necesidades de espacio especiales, por sus aficiones, o por su trabajo.

Para terminar, solo queda recordaros que por 24.750€ nos podemos llevar un Toyota C-HR, siempre y cuando cumplamos con los requisitos de financiación de Toyota, puesto que es una oferta que requiere pago aplazado con la financiera de la marca. Para que os hagáis una idea, un Nissan Qashqai diésel de 130 CV y con cambio manual tiene un precio de tarifa que arranca en los 24.900€, y 20.950€ con oferta que también exige financiación. Pero si queremos un Qashqai bien equipado, y más próximo al equipamiento del Toyota C-HR, o con cambio automático, ya vamos a estar en cifras similares, y superiores, a las del Toyota C-HR.

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